BREVES PINCELADAS DE LA HISTORIA DE VALHERMOSO COMO INTEGRANTE DE LA TIERRA DEL REAL SEÑORIO DE MOLINA.

Este breve apunte trata de describir, casi telegráficamente, la historia del pueblo de Valhermoso (Guadalajara), interrelacionada con la de la Villa de Molina y su Tierra, como parte de la misma de la que es integrante.

Aunque se trate de una comarca poco estudiada, hemos tratado de ser lo más rigurosos posible dejándonos de fantasías carentes de fundamento científico, ni de quimeras de falsos cronicones, absurdas a la luz de la crítica moderna. Hemos querido evitar las suposiciones poco objetivas, sin el contraste debido históricamente.

Fuentes como las Biblioteca Nacional y de la Real Academia de la Historia, textos y documentos depositados en el Archivo Histórico Nacional, en el de la Corona de Aragón, en el General de Simancas e incluso en el de Indias. Libros publicados, con datos geográficos, históricos y apuntes de todo tipo. Cronistas locales molineses y los que de alguna manera se ocuparon del Señorío de Molina, empezando por Diego de Sandoval (1543), Francisco Díaz, Juan de Rivas (Alcalde mayor de Molina de 1609 a 1612), Diego Sánchez Portocarrero, Diego de Elgueta, Fray Pablo de la Concepción, el geógrafo Tomás López (1785) Mariano Perruca Díaz ( 1891) Julián Herránz Malo, Anselmo Arenas López, Claro Abanades López (1929 a 1969), José Sanz y Díaz (1930 a 1980) y Santiago Arauz de Robles López (1979), por citar algunos, nos han servido para conformar esta pequeña reseña. No podemos olvidarnos de los manuscritos del Cabildo eclesiástico, del Ayuntamiento de la ciudad de Molina, del Común de Villa y Tierra y de citar a Raimundo García, hijo del pueblo y entusiasta de nuestro pasado y costumbres. Mención merece Salvador Monforte, vecino del pueblo que, con su cuidada página Web dedicada a Valhermoso, está contribuyendo notablemente a la divulgación de sus valores culturales y promoción externa. 

La Historia Antigua de que disponemos, fue hecha basándose en Flavio Lucio, Marco Máximo, Juliano y otros muchos cronistas apócrifos, rechazados hoy, con alusiones a lo prehistórico y protohistórico.
Por los fósiles se ha llegado a la conclusión de la existencia de una flora y fauna terciaria y por los plegamientos del terreno en periodos sucesivos, dio lugar a la formación de simas, cuevas, cavernas, fuentes y lagunas desde el jurásico al cretácico, accidentes, que posteriormente servirían de refugio al aparecer la vida humana en la Era cuaternaria, por clanes de cromañones y neandertales. Como ejemplo de aquellas y en el término de Valhermoso encontramos: La Cueva del hornoLa Cueva del tío CarasoHoz del BullonesLa Sima de la Isilla, Fuente de Hoya Romana y Fuente de La Torre, que son significativas de los lugares que ocuparían los primeros moradores cuaternarios, duda a la que únicamente podrán contestar algún día los paleontólogos que estudien las capas geológicas y los fósiles. En la cercana Cueva de los Casares, en Riba de Saelices existen muestras de un arte cuaternario notable, perteneciente, parece ser, al auriñaciense, con bellísimas pinturas, grabados de caballos, magníficos ciervos, bisontes, un posible rinoceronte lanudo amén de otros animales y abundantes figuras antropomorfas. En la necrópolis de Cuevas Labradas, más próxima a Valhermoso y de la última época del periodo de Hallstatt, se encontraron urnas funerarias, labradas en barro cocido, con restos humanos en su interior. Pero de aquellos tiempos tan remotos no tenemos noticias directas y los hechos que atesora solo pueden colegirse examinando los restos humanos y los productos de la actividad de los mismos. En Herrería existe una inscripción de confusa fecha, sobre el risco Peña Escrita, que algunos atribuyen a la prehistoria, pero carece de autenticidad segura. Otro hallazgo importante, que se encuentra en el Museo Antropológico es el cráneo de Castilnuevo. Luís de Hoyos Saiz en “Antropología prehistórica española” dice del “yacimiento característico de la Edad del Bronce de Castilnuevo”.

Unos mil quinientos años antes de J.C. se empieza a explotar el cobre y la metalurgia en las minas protohistóricas de España. Apenas si tenemos rastro de la Edad del Bronce en nuestra tierra, pero sí de la del hierro cuando los celtas llegaron a la meseta. En Clares y Aguilar de Anguita, Cerralbo halló espadas de hierro con antenas semicirculares del siglo V antes de J.C. Según afirma Plinio en su “Historia Naturalis” respecto a la tan poblada región, que hacia el 152 antes de Cristo el Cónsul Marcelo le impuso un tributo de 600 talentos, lo cual demuestra que varios pueblos habían ocupado estos territorios en tiempos prerromanos. Es un territorio rico en huellas y yacimientos protohistóricos a lo que contribuyó, sin duda, la comunicación natural primitiva de los cauces de los ríos, con la fácil defensa de la orografía.

Saber cuándo llegaron los íberos a nuestra tierra es difícil, en cambio parece claro que a la meseta central lo hicieron en el siglo VI antes de Cristo, según los historiadores modernos, fusionándose con clanes indígenas indeterminados, según Hecateo y Esquilo.
De la arquitectura de aquellos primitivos, adoptada luego por los celtiberos, quedan reminiscencias en Valhermoso, como en muchos pueblos del entorno, en los apriscos circulares con cubierta de barda espesa y tronera, como las de las Navazas“Hoya del Prao”, La Pililla, La Varguilla, el Puntal etc. etc. Después vendrían los castros, que al evolucionar se convirtieron en toscas fortalezas. Tanto el geógrafo griego Estrabón nacido en el año 60 antes de C., como Ramón Menéndez Pidal, confirmándolo, nos dicen que “en el siglo III antes de C. los íberos se hallaban extendidos por toda España” y que “ya habían absorbido a los celtas, pueblo indoeuropeo de cultura inferior a la ibérica, resultando de esta mezcla los celtíberos que ocupaban todo el centro de la Península”; de estos pueblos existen muestras, sin investigar, en Valhermoso.


La raza celta bajó desde Gergovia, capital de las Galias, por el país de los íberos aquitanos, llegando hasta la meseta central, después de haber derrotado a los ligures con el asenso ibérico. Restos de su cultura podrían ser, los olmos centenarios que en nuestros pueblos perduran y que en las centurias anteriores a C. servían para rendir culto a la luna a través de sus danzas nocturnas, bajo los mismos. Bernardo Martín Mínguez en “Los Celtas” (Madrid, 1887) asegura que los celtas estuvieron en la meseta hispánica muchos siglos antes de la época cristiana. En el rastreo de indicios sobre esta civilización, pueden consultarse varias obras y entre ellas “La necrópolis celtica de Prados Redondos (Guadalajara)” próximo a Valhermoso. Francisco Galindo García (1954) de toda solvencia científica, registra cerdos puros de raza celta en los pueblos de los Montes Universales y el Alto Tajo, como Villar del Cobo, Griegos, Guadalaviar, Frías y otros que pueden ser Peralejos, Taravilla, Fuembellida, Valhermoso etc. “Esta raza –dice- procede de la forma prehistórica sus scofra ferus, formando el tronco originario denominado grupo céltico”.
La vida de la comunidad celta, incluso al federarse y llamarse celtíberos, estaba regida por un elaborado sistema de leyes que sobrevivió incluso a la conquista romana.

Los fenicios no dejaron entre nosotros, nada de sus manifestaciones culturales, salvo algunas referencias en los autores clásicos. No queda más que la costumbre de encender hogueras en algunas fiestas y la afición a los toros a los que rendían culto. Tratados modernos contemplan como posible que llegaran a nuestra zona en dos etapas: una desde el año mil al 450 antes de C. y otra desde esta fecha hasta la conquista cartaginesa.

Los primeros griegos en llegar a “Hesperia” (España) procedían de la isla de Rodas en el siglo IX anterior a la Era Cristiana y de su paso por las Xesmas molinesas y Valhermoso en concreto, da fe la toponimia de pueblos y parajes. Las colonias que se establecieron en el territorio del Señorío de Molina, gozaron desde sus comienzos de gran autonomía y contribuyeron mucho a la civilización de los territorios en los que se instalaban. Perfeccionaron el alfabeto ibero-fenicio generalizando la costumbre de escribir de izquierda a derecha, afirma con rigor, como en toda su extensa obra sobre del territorio, José Sanz y Díaz en Verdadera Historia del Señorío de Molina.

Los cartagineses, llamados por los fenicios en su auxilio, cuando la paz interior se rompió en Hesperia, vinieron en su ayuda, pues eran de la misma raza, allá por el siglo VI a. de J.C. hasta el 205 antes de la era cristiana. Estrabón, Appiano y otros hablan del heroísmo de los lusónes, pueblo celtiberico que pobló la comarca molinesa, incluido Valhermoso, antes y después de la llegada de los cartagineses; Polivio y Tito Livio hablaron de la resistencia feroz que opusieron estas gentes a las campañas de exterminio, no doblegándose ante la crueldad y superioridad de los invasores romanos. Tanto es así que los cartagineses trataron de llevárselos como aliados. Vicente Lafuente en Historia Eclesiástica de España (1.855-1.859) confirma que los antiguos lusónes estuvieron, como los cartagineses, en todo el enclave territorial molinés, lo que demuestra que también estos últimos se instalaron en el territorio del Valhermoso de hoy, pero no hay vestigios de este pueblo en todo el territorio del Señorío.

Con la romanización del Ebro termina la cultura ibérica en Aragón, pero en nuestros territorios se mantiene hasta la destrucción de Numancia. Parece indudable que los romanos estuvieron asentados en el Señorío de Molina desde que tomaron o fundaron la ciudad de Caraca, la actual Guadalajara. Los romanos en el territorio molinés trataron de borrar la incomunicación y el montañismo que favorecía a las razas indígenas. Lo hicieron levantando castros en las alturas, restaurando los que existían de traza celtiberica y construyendo vías como la que pasaba por Checa o Urbiaca, como puede verse con extensión en La romana Urbiaca de José Sanz y Díaz, que servía de estación de descanso a las tropas, cuando hacían sus marchas. En toda la extensión del Señorío quedan testimonios de las obras de los ingenieros romanos, como el puente viejo sobre el río Gallo, en Molina y el del Martinete en Peralejos. La epigrafía de la comarca está por investigar. Está todo por hacer, nos movemos en un mar de citas oscuras y contradictorias, en cuanto a localizaciones urbanas, economía y modos de vivir transformados por la romanización de aquellos siglos decisivos para la cultura del país. Arqueológicamente hay que excavar todo indicio, buscar restos de murallas, castros, mosaicos, cerámicas, monedas, lapidas, como la de Luzaga, laudas sepulcrales etc. etc. Todavía están sin estudiar ni excavar las necrópolis, posiblemente romanas según Sanz y Díaz, en Cuevas Labradas, allá por Lebrancón. Villar de Cobeta y Zaorejas, igual sucede con las del Pedregal.

Los visigodos suponen un periodo de transición entre las Edades Antigua y Media, este periodo no es más que la continuación de la etapa hispanorromana. En el Señorío de Molina quedan algunos vestigios arqueológicos y documentales de los siglos V al VII en cuanto a las huellas de los visigodos en nuestra tierra. Parece seguro que las primeras tribus germánicas, bajando por Aragón tras cruzar el Ebro, llegaron por Daroca, Calatayud y Albarracín al Señorío de Molina. Esto debió ser antes de establecerse el reino arriano en Toledo a mitad del siglo VI.

Entre los años 711 a 714 se produce la invasión de los árabes que acabará con la hegemonía visigoda y con su llegada comienza la Edad Media. “La sumisión de la comarca molinesa a los musulmanes, que se presentaban como aliados, debió ser rápida y sin apenas resistencia….Solo en Molina hubo ocupación militar, levantándose pronto la alcazaba de torres cuadradas, típicamente árabe, con su cinturón de murallas…”, nos dice la pluma fiable de José Sanz y Díaz en su Historia verdadera del Señorío de Molina y E. Levi-Provençal en su España musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba afirma que “favoreció la rápida islamización de España, creyendo poder disfrutar así de una paz y de un estatuto personal más favorable”. Nuestro territorio pasó el emirato casi olvidado, conservando su idioma, cultura, trajes y costumbres, pero poco a poco la convivencia forzosa con el invasor iría palideciendo el colorido indígena. Los Abderramanes destruyeron templos, quemaron algunas bibliotecas mozárabes, hicieron mártires y confiscaron bienes. Debido a este cerco tan estrecho, “muchos habitantes de las zonas bajas, para conservar su fe, huirían a la aspereza de los montes, al fondo de las hoces o barrancos boscosos, casi inaccesibles. Por eso es tan remoto el origen cristiano en las serranías y tan frecuente la aparición posterior de imágenes de la Virgen en cavernas, cuevas y breñales, que fueron escondidas por los mozárabes de la región. Almanzor fue quien persiguió con más saña nuestra religión y en su tiempo los escritores arábigos dicen que en España había más de tres mil mezquitas suntuosas, aparte de las menores que levantaron en los poblados rurales” dice J.S. y Díaz
Muerto Almanzor, los árabes cordobeses proclaman la Republica, el antiguo Califato se fracciona en pequeños Estados que suelen vivir como tributarios de monarcas cristianos de singular empuje, estos Estados son los que conocemos históricamente como reinos de Taifas. Por estas fechas debió surgir el reino de Taifas de Molina, ya cristiano, ayudaría a la derrota del Sultán Almanzur ben Nasir en las Navas de Tolosa. De los primeros emires de Molina se desconocen los nombres; pero hay constancia histórica de que fueron reyes moros molineses, ya avanzado el siglo XI, Hucalao, Aben-Hamar, y Aben-Kanhón, al que llama Aben-Galvón el “Cantar del Mío Cid” y que fueron los tres últimos ciertos antes de la Reconquista. La biografía de Aben-Galvón es bien conocida y el “Poema de Mío Cid” le dedica muchas estrofas. D. Ramón Menéndez Pidal le retrata como un caballero valiente y leal, bastante hispanizado y tolerante, siempre en contacto con las costumbres cristianas mozárabes, sintiéndose un verdadero molinés. Por gestión directa de José Sanz y Díaz se incluyó al rey moro de Molina, frente al monumento al Cid en Burgos, año 1.954, en efigie de cuerpo entero, obra del escultor Joaquín Lucarini, que puede verse en el puente de San Pablo sobre el Arlanzón.

Como observará el lector, no pretendemos más que dar unas breves pinceladas, con el máximo rigor posible y la mínima extensión, a la gran Historia de nuestra tierra y de nuestro pueblo, avanzando cronológicamente desde la época de los primeros pobladores hasta nuestros días. En este rápido caminar hemos llegado a la plena Reconquista.

Los reyes cristianos de Castilla y Aragón, habían puesto más de una vez, los ojos en los territorios molineses, pues no podían olvidar que en aquellas comarcas había mozárabes creyentes y reliquias venerables del pueblo visigodo. El Cid, según Dozy, sirvió por espacio de media docena de años en las huestes mahometanas aragonesas; entonces debió nacer su amistad con el rey moro de Molina, el cual aprovechó esa amistad para liberar su pequeño Estado de la tutela del Emir de Valencia. Evitaremos referirnos, por no extendernos demasiado, a las citas que varios autores hacen de las incursiones y paso del Cid por Molina, por ser un hecho incontestable.


Situándonos ya en plena Reconquista de Molina y su Tierra, intentaremos ser capaces de sintetizar, como pretende este pequeño apunte, la larga y gran historia de esta querida comarca, por existir una extensa bibliografía sobre la misma y empezaremos diciendo que al morir Pedro I de Aragón en 1.104 le sucede en el trono, su hermano, Alfonso I conocido históricamente por el nombre de El Batallador. Ganó a los moros Zaragoza en 1.118, Calatayud en 1.120, Daroca en 1.120, varios pueblos de nuestro Señorío – como Embid, Milmarcos, Anchuela y Guisema – en 1.122 y Molina en 1.128. Avanzando por la serranía de Molina y pasando por Valhermoso, Tierzo y Terzaga pone una guarnición en Traid, a la vez que mantiene sus ejércitos sitiadores en Castilnuevo y para 1.129 ya se había rendido toda la comarca al Rey. Tomado el territorio molinés, encargó a dos capitanes, que por valor y lealtad constituían su brazo derecho, que ampliaran y defendieran las fronteras de lo conquistado. Fueron estos militares don Fortún Sanz de Vera, que ensanchó su zona hasta Peralejos, estableciendo en el río Tajo la divisoria, fundando casa propia en esa villa, de la que todavía puede verse el arco románico de la portada. Los parientes del peralejano don Fortún eran Lope Sanz, que acompañó al rey en su expedición a Valencia y Galio Sanz que mandaba la Orden o Cofradía Militar de Belchite, antes de la fundación del Señorío. Otro incondicional en prestarle ayuda en sus incursiones fue García de Vera, que fundó casa en Checa. A todos ellos los silencia el conde don Manrique de Lara, primer Señor de Molina, por su afección a la Corona Aragonesa, acabando por marcharse a la provincia de Huesca, donde tenían posesiones. Los García Vera de Checa y otro Fortún Sanz de Vera, del mismo nombre que sus antecesores, volvieron en el siglo XIV a las villas del alto Tajo, cuando el Señorío de Molina pasó, tras el fratricidio de Montiel, a la tutela de la Corona de Aragón (1.369-1.375).


Se funda el Señorío en 1.137 y don Manrique de Lara es su primer Señor. Él fue quien repobló el territorio con gentes de Álava, Burgos, La Rioja y Castilla la Vieja, quien empezó a levantar la nueva ciudad de Molina, su alcázar, dominando el río y el que en 1.154 al conceder el Fuero para la Villa y Tierra puso las bases para su engrandecimiento posterior y de su autonomía y peculiar gobierno. Fue heredado por su hijo don Pedro Manrique de Lara como segundo Señor de Molina. Según dice el Fuero que el pueblo mismo había de elegir a su Señor, siempre que lo hiciera entre los miembros de la familia fundadora. Así se hizo y el tercer Señor de Molina fue D. Gonzalo Pérez de Lara, hijo del anterior. Se ocupó de engrandecer el Señorío, levantando iglesias, palacios y distribuyendo tierras. 
En tiempos de este tercer Señor, surgieron problemas con el rey de Castilla y estas desavenencias hicieron que don Fernando III se acercara, en son de guerra, al Señorío molinés en 1.222 y cercara a don Gonzalo Pérez que se refugió en el Castillo de Zafra, en el término de Hombrados. La “Concordia de Zafra” zanjó el conflicto, de tal modo que la hija del molinés, doña Mafalda, a la que no correspondía la herencia por línea normal, se casó con don Alfonso, hermano del Rey. Este cuarto Señor de Molina, don Alfonso, fue bravo y guerrero y capitán general de los ejércitos castellanos, siendo caballero de la Orden de Calatrava.


Hija del anterior y quinta señora de Molina fue doña Blanca de Molina, mujer a la que le cabían todas las virtudes, según los cronistas. Levantó iglesias, fundó monasterios, fundó su Compañía de Caballeros, repobló zonas del sur del Señorío, perfeccionó el alcázar molinés y dejó un testamento modelo de sabiduría y ejemplo de señorío. Heredó el Señorío su hermana doña María de Molina, quien, al casar con el rey don Sancho IV de Castilla, transmitió el territorio al monarca en el año 1.293, entrando, así, el Señorío de Molina en la nómina de nobles títulos de los Reyes, hasta nuestros días y Reyes actuales inclusive. El rey don Sancho no retiene para si el Señorío de Molina, sino que ese mismo mes lo brinda a su mujer, rezando en el texto del pergamino “por fazer bien et onrra a la reyna donna Maria mi muger, dámosle la villa de Molina con su alcázar, por juro de heredad, en toda su vida” . No le daba nada, sino que trataba de cubrir las apariencias, pues otra cosa no era posible según el Fuero, siendo la única heredera la reina, como hermana de la quita señora de Molina e hija del infante don Alfonso, que fue el cuarto Señor; así doña María de Molina fue la sexta señora de Molina de los Caballeros, unida a Castilla sin ser absorbida por ella. Según reconocen sus biógrafos “poseyó cualidades de gobernante, talento político, energía, valor, misericordia, discreción y aplomo”. Murió en Valladolid en 1.321. La historia siguió su curso, el Rey vivió poco, gobernó Castilla desde 1.284 al 1.295 en que murió en Toledo de tuberculosis. Dejó a su viuda como reina, tutora y regente durante la minoría de edad de su hijo Fernando IV El emplazado. Tenía este diez años cuando murió su padre y reinó hasta 1.312, gracias al talento de María de Molina, incluso en los tiempos difíciles que le tocó vivir. Fernando IV sería el séptimo Señor de Molina “fue un monarca mediocre, que guiado por malos consejeros, exige cuentas a su madre y hasta le pide las joyas de su padre, conservadas por María de Molina con enormes sacrificios, no apreciados por el príncipe”, al decir de Antonio Ballesteros.


Tampoco hay nada que destacar del paso de AlfonsoXI como octavo Señor de Molina (1.312-1.350), que cuando tenía un año sucedió a su padre y gracias a la prudencia y tacto político de su abuela, se solucionaron los conflictos que le rodearon hasta la mayoría de edad. En la toma de Algeciras le sirvieron leal y esforzadamente voluntarios del Señorío “gentes muy valientes del Concejo y lugares de las Xesmas, que le sirvieron bien”.


Fallecidos los VII y VIII Señores de Molina, pasa a ser el noveno Señor de Molina de los Caballeros, Pedro I (1.350-1.369), en una época muy anárquica para su reinado, tratando de restablecer la justicia, quebrada por circunstancias de guerra civil, circunstancia que le supuso el apelativo de “El Cruel”. Para el Señorío, en aquel desconcierto general de España, fue un gran Señor, como apaciguador de inquietudes y defensor de nuestros derechos. Según Portocarrero “El Rey don Pedro estuvo varias veces en Molina e hizo algunas entradas en Reyno de Aragón por su Señorío; debiole este Estado grandes favores y mercedes y no se le pudo quexar de alguna demasía mandada ejecutar en él”. Eran litigios por cuestión de límites y por ello don Pedro I los trazó de manera justa en 1.356, por medio de representantes de ambas monarquías. Se sabe que por Aragón intervino don Pascual de Orihuela del Tremedal y don Lázaro de Checa por el Señorío de Molina y su Tierra.
En esta lucha por el poder, que legítimamente ostentaba don Pedro, se distinguía el mayor de sus hermanos bastardos Enrique de Trastamara, hijo natural de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán, su favorita, nacido en 1.333 y que tenía el apoyo del reino de Aragón y el de la espada del célebre mercenario bretón Beltrán de Guesclin que con ella y la famosa frase “ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor” consuman el fratricidio de don Pedro y el bastardo sube al trono de Castilla, tan vilmente ganado. Entre los muchos favores que Enrique II dispensó al mercenario bretón, fue el de nombrarle señor de Molina, pero nunca tomó posesión, porque nuestras gentes supieron defender heroicamente sus derechos, muy claros en el Fuero, sobre todo en temas de sucesión. Reunido el Señorío en Asamblea, y en defensa de la legalidad, en el año 1.369: “Tras un razonado discurso, apoyado por interpelaciones discretas, siguiendo lo dicho por don Pascual Martínez Cotillo, se tomó por unanimidad el acuerdo de enviar mensajeros cualificados a la corte de Valencia, donde se encontraba en aquel tiempo el rey de Aragón don Pedro IV, para darle cuenta de lo que sucedía y ofrecerle el vasallaje temporal del Señorío de Molina y su Tierra”, como así hicieron. Pedro IV El Ceremonioso, aceptó la oferta, y juró los Fueros, convirtiéndose en el X Señor de Molina. Nuevas guerras de Aragón contra Castilla, y los molineses, como siempre, en el centro de la contienda. 
Tan agradecido le quedó este Monarca aragonés a García de Vera, por su ayuda en estas guerras, que en prueba de reconocimiento “le hizo merced, por juro de heredad, de las villas de Castilnuevo, Checa, Teroleja y Valhermoso, durante su vida, respetándole los cargos de gobernador y alcaide que ejercía”, más tarde se le concedieron las Salinas de Armallá, Tierzo y Terzaga.


La paz llegó en 1.375, cuando el infante don Juan (XI Señor de Molina), hijo del rey de Castilla, casó con doña Leonor, infanta de Aragón, entregando esta como dote a su marido el Señorío molinés. Aunque solamente seis años permaneció esta tierra en poder del reino Aragonés, no abandonaría el nombre de Molina de Aragón nunca más.


Enrique III El doliente (XII Señor de Molina) sube al trono que había dejado su padre, a los once años de edad y a los catorce las Cortes de Madrid declaran la mayoría de edad del soberano en 1.393, muriendo en 1.406 siendo un gran monarca para los molineses. En su tiempo volvieron al Señorío de Molina familias ilustres como los Sanz de Vera, que se habían afincado en tierras de Huesca, pero que tenían posesiones por el Alto Tajo desde que sus ancestros, como ya dijimos, llegaron con don Fortún en las huestes del Batallador. Tenía este rey 27 años cuando murió y su esposa doña Catalina de Lancaster ejerció de Regente hasta que en 1.419 las Cortes declararon mayor de edad a su hijo Juan II (XIII señor de Molina). Su reinado fue nefasto y los molineses volvieron, de nuevo, a pagar las consecuencias, soportando constantes refriegas fronterizas. Para apaciguar los ánimos de las gentes del Señorío, estuvo en Molina en 1.439 su primera esposa doña María de Aragón, madre de la que luego sería Isabel la Católica. 

Enrique IV El impotente (1.454-1.474) XIV Señor, cometió varios desaciertos, por lo que fue vilipendiado. Fue tal la entrega a su favorito Beltrán de la Cueva que hasta le sustituía en el tálamo nupcial con doña Juana de Portugal –madre de la Beltraneja-, su segunda esposa, ya que al parecer con la primera –doña Blanca de Navarra-, no pudo consumar su matrimonio. Esto exacerbó a los nobles, que proclamaron rey a su hermano don Alfonso, lo cual dio lugar a una tremenda guerra civil. Muerto el príncipe Alfonso en 1.468, fue ofrecida la corona de Castilla y León a su hermana doña Isabel, casada con Fernando EL Católico, rey de Aragón, pero ella no quiso aceptarla mientras viviese Enrique IV, que la declaró heredera del trono. Murió este desgraciado personaje en 1.474.

La unión de Isabel I de Castilla con Fernando V de Aragón en 1.469, hizo a la vez la de España en las Cortes de Ocaña y de Segovia, diciembre de 1.474. A Isabel II (XV señora de Molina), con anuencia del Señorío, se le entregaron todas las villas, lugares, castillos, torres vigías y demás fortificaciones del Señorío, en la fórmula jurídica vigente, después de jurar los Fueros. Salvo alguna escaramuza con los pocos partidarios de la Beltraneja, que aún quedaban por tierras de Daroca, el Señorío vivió tranquilo en la etapa de los Reyes Católicos. Así acabó la Edad Media en el Señorío de Molina, sin notas que destacar, como no sea algún pleito local.
Desde los primeros pobladores, hasta la muerte de los Reyes Católicos, es decir lo descrito hasta ahora, constituye, a nuestro entender, la parte más desconocida y peculiar de la fisonomía histórica de este singular territorio; por eso lo consideramos como la parte central de nuestro apunte histórico. A partir de aquí hasta nuestros días, el lector, por poseer mucha información bibliográfica, va a agradecer más brevedad, si bien por completar nuestro empeño, citaremos cronológicamente algunos episodios del Señorío, de especial relevancia.

Empecemos con el gobierno de los Austrias:


Doña Juana la Loca y su esposo Felipe el Hermoso nada se notaron en el Señorío molinés
Carlos I El Emperador (1517-1556) hijo de ambos. Le ayudaron gentes del Señorío en las guerras de Perpiñán contra Francisco I de Francia. La emperatriz Isabel de Portugal “fue del dominio útil del Señorío de Molina (concediendo privilegios en nombre de su imperial esposo), y entró en él con solemne pompa con sus hijos don Felipe y doña María en el año 1534.”

Felipe II (1556-1597) fue hombre frío, reservado y absoluto. Le ayudamos en las guerras de Flandes, Italia y Aragón. Tuvo que “cercar el pueblo de La Yunta, porque habían preso a un Escribano mandado por él a instruir ciertas diligencias.”

Felipe III El Pío (1598-1621). Este monarca “instituyó en el Señorío la milicia que llaman Batallón, además de la gente de guerra antigua con que acostumbraba a servir”.
Felipe IV (1621-1665) inició la decadencia de España, puesta en manos del conde- duque de Olivares. Visitó Molina y permaneció veinte días en la ciudad, visitando las fábricas de armas de Corduente y Orea. En su reinado fue nombrado para un alto cargo un hijo eminente de El Pobo de Dueñas, en cuya iglesia parroquial tiene un monumento funerario cuya lauda dice “D.O.M. Aquí yace el Excmo. Sr. Don Garci-Gil Manrique, Obispo de Barcelona, Virrey, Cáp. Gral. de Cataluña, Rosellón y Cerdeña y natural de El Pobo, murió en el año 1651. R.I.P.”

Carlos II El Hechizado (1665-1700), confirmó al Señorío de Molina todos sus privilegios y Fueros a 5 de Abril de 1666 y con él se extingue el poder secular de la dinastía austriaca. Fue un degenerado que a los nueve años no sabía leer ni escribir y que sumió a España en sangrientas guerras hasta que murió.

Sigamos con el gobierno de los Borbones:

Felipe V El Animoso (1700-1746), nieto del francés Luis XIV , contaba 16 años cuando ciñó la Corona. El Señorío estuvo a su lado y le proclamó Señor, con las ceremonias acostumbradas. Confirmó nuestros fueros y privilegios a 10 de Mayo de 1701. Dice Díaz Milian que “tanto hizo Molina y el Señorío, tanta lealtad mostró, tantos servicios prestó a su rey, que Felipe V tuvo a bien concederles la merced que añadiese a los timbres y blasones del escudo de sus armas una flor de lis, nombrándole en sus reales decretos con los honrosos epítetos de mi fidelísima y leal villa de Molina, concediéndole además otros privilegios y nuevas confirmaciones de los antiguos a particulares y corporaciones”

Luis I (1724), subió al trono al abdicar en él su padre, pero solo gobernó de febrero a agosto en que moría de viruelas, por lo que su progenitor tuvo que hacerse de nuevo con el poder. Le sustituiría su otro hijo Fernando VI.

Fernando VI (1746-1759), pasó sin pena ni gloria para el Señorío de Molina.

Carlos III (1759-1788), monarca extraordinario, que fomentó la Agricultura y las Obras Publicas, de las que aún quedan el gran almacén de las Salinas de Armallá, con ocho refuerzos exteriores de media caña y la restauración del puente romano del Martinete en Peralejos de las Truchas. Además en nuestra tierra estableció permiso para estimular el trabajo y la vida, protegiendo la industria y el comercio. Por estos estímulos, el año 1775 el P. Moragas descubrió el famoso mineral conocido científicamente por aragonito, en los cerros aledaños a la Villa. De su época data la construcción de la Casa Grande de Valhermoso y quizás anterior, por su tipología, fuera la Casona de La Placeta. 

Carlos IV (1788-1808), monarca bobalicón, hasta extremos familiares increíbles. Dejó el poder en manos de su valido Godoy, para dedicarse a su pasión, la caza. El 8 de Febrero de 1790, el Real Consejo de Castilla aprobó el Reglamento del Común de Villa y Tierra, la Comunidad de Molina de Aragón y en 1802, mandó el Gobierno de España que el territorio molinés, que se veía incorporado a Cuenca, forme parte y para siempre de la de Guadalajara. El día 19 de Agosto de ese año, el rey y su corte hicieron noche en Tortuera, de paso para Barcelona. Con él acaba la Edad Moderna.

Fernando VII (1808-1833) en el que abdicó a la fuerza su padre, por la odiosa política de Godoy, fue el peor de los desastres para el Señorío, pues dio lugar a la sangrienta Guerra de la Independencia.

Mal empezó para la Tierra del Señorío la Edad Nueva. Es imposible sintetizar, la gesta heroica de nuestras gentes, en un artículo de divulgación y además está documentalmente historiada, con toda clase de detalles. Para el lector interesado le recomendamos la lectura de la extensa, pero fácil de consultar, obra de Anselmo Arenas López: “Historia del levantamiento de Molina de Aragón y su Señorío en Mayo de 1808”. Pero algo diremos, extraído de la amplia bibliografía que existe, sobre la heroicidad de las gentes de nuestra Tierra en la Guerra de la Independencia, desde la formación de la primera Junta de Defensa, hasta el acuerdo de las Cortes de Cádiz, que, entre otras cosas, dice así:

“1º La Villa de Molina tendrá desde ahora el título de Ciudad.

2º Cuando las circunstancias lo permitan, se levantará en el lugar más oportuno de dicha Ciudad una pirámide, que constantemente recuerde a la posteridad la conducta heroica en grado eminente.”

Los pueblos contribuyeron de una manera heroica, incluso disponemos de bibliografía suficiente, con el nombre y apellidos de los héroes, pero por no extendernos y olvidar alguno obviaremos citarlos. Si diremos por ser vecino de nuestro pueblo que Manuel Checa Roa, entonces estudiando en la Universidad de Valencia, estuvo enrolado de 1808 a 1810.

De pena fue la situación en que quedaron Molina y su Tierra. Molina fue quemada por sus cuatro costados y era un montón de ruinas, los campos estaban abandonados y la ganadería había desaparecido. Nuestros diputados de la Junta Suprema de Molina, clamaban en vano en las Cortes de Cádiz. Nos representaban, como diputados, don Francisco López Pelegrin, abogado y vecino de Checa, teniendo como magistrado suplente a su hermano don Ramón López Pelegrin y a don José Roa Fabián, que fue canónigo de Játiva. Hicieron una tarea legislativa inteligente. En la sesión de 2 de Septiembre de 1811, al discutirse el articulado de la Constitución, lograron que no se suprimiera el título de Señor de Molina de los títulos de la Corona, como se pretendía. Se trató de que “Guadalajara con Molina debían formar una sola Diputación”, quedando así aprobado.
Tantos sacrificios para nada, la situación era calamitosa, las cuatro Xesmas acusaron un gran descenso de población y muchos lugares quedaron desiertos, debido al hambre y a las innumerables bajas producidas por la guerra.

Brevedad daremos a la Edad Contemporánea pero de los periodos José Bonaparte (1808-1813), el interregno de Amadeo de Saboya (1871-1872), la I Republica (1873-1874), la Restauración (1874-1931), la II Republica (1931-1939), el Franquismo (1938-1975) y del reinado de Juan Carlos I algún apunte diremos, para que este articulo alcance un final.

Durante la regencia de María Cristina, viuda de Fernando VII, tuvo lugar la sangrienta guerra carlista, motivada por haber derogado la ley sálica y haber nombrado heredera a su hija Isabel, cuando el trono le pertenecía al príncipe Carlos, su hermano, que protestó usando las armas y perdiendo la batalla en el monte llamado Las Tejeras.
Cuando era regente don Baldomero Espartero, los carlistas se sacaron la espina en el Señorío con el combate de Peralejos de las Truchas, librado el 24 de Enero de 1840, en el lugar denominado Barranco de Checa.
De los tiempos agitados de Isabel II, el general Serrano, Amadeo de Saboya y los Presidentes de la I República: Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margal, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar, nada cabe decir, al no quedar la menor huella histórica en el Señorío. Únicamente que en Molina funcionó desde 1871 una Junta Carlista y que el Pretendiente don Carlos adoptó en el exilio el título de Conde de Molina.
Tampoco podemos decir nada que ataña al Señorío en la restauración de la Casa de Borbón, en la rama impuesta con Alfonso XII (1874-1885) y de la regencia de María Cristina hasta 1902, debemos añadir que el territorio molinés dio numerosos soldados para las guerras de Melilla, Cuba, Filipinas y los Estados Unidos.

Alfonso XIII que fue el XXX Señor de Molina, estuvo en ella para inaugurar, el 5 de junio de 1928, el monumento al heroico Capitán de Ingenieros don Félix Arenas Gaspar, al que se le había concedido, a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando. Acompañaban al monarca el Presidente de Gobierno, general D. Miguel Primo de Rivera, varios Capitanes Generales, Generales y las altas autoridades eclesiásticas y civiles. Pronunciaron discursos el Alcalde de Molina, don Francisco Checa y don José María Arauz de Robles por la Comisión organizadora. El Obispo de Sigüenza ofició la Misa de Campaña en la Plaza Mayor y los pueblos del Señorío habían acudido para aclamar al Rey.

Durante El Alzamiento Nacional, el Tercio de Requetés “María de Molina”, ganó la Cruz Laureada de San Fernando en la Batalla de Belchite. Durante el largo gobierno de Franco se llevó a cabo la coronación canónica de Nuestra Señora de la Hoz, como Reina del Señorío, con la asistencia de más de veinte mil personas, venidas de las cuatro Xesmas y se inauguró, en Molina, un monumento a la Inmaculada Concepción, recordando que esta población fue la primera en España que reconoció el dogma.

El régimen democrático actual, empezó con la visita de S.M. los Reyes don Juan Carlos I doña Sofía a nuestra ciudad el día 20 de Abril de 1978, siendo confirmado XXXI Señor de Molina. Ambos fueron aclamados con entusiasmo y gratitud por las gentes de nuestros pueblos, llegadas espontáneamente para ver a sus Reyes.

En este periodo democrático la Comarca del Señorío, como casi todas de España, ha experimentado un gran desarrollo económico y de comunicaciones, pero queda una asignatura pendiente, cual es la repoblación sostenible del territorio, para evitar la continuación de los males producidos por la desertización de la comarca. La lucha de las gentes del Señorío por la defensa de sus orígenes políticos es indudable, según se demuestra a lo largo de este artículo. En esta etapa histórica, no iba a ser menos y siendo diputados por Molina Antonio López Polo y Emilio Clemente Muñoz, natural de Valhermoso, en Las Cortes Constituyentes de Castilla la Mancha lograron introducir, en el texto definitivo del Estatuto de Autonomía de Castilla la Mancha, una enmienda, que hace honor a la historia de esta Tierra. Fervorosamente defendida por este último diputado en el Pleno de la Asamblea de Las Cortes Constituyentes, dice así: “… se respetarán las peculiaridades históricas de las Comunidades de Villa y Tierra tales como la del Real Señorío de Molina…”. Después sería refrendado, como todos los Estatutos de Autonomía, en el Pleno del Congreso y del Senado de la Nación y para ser fiel a la historia hemos de reconocer la ayuda inestimable e imprescindible del acogimiento, en sus conclusiones, por U.C.D. en su Congreso Nacional gracias a la ayuda y compromiso del entonces Presidente Provincial don Luís de Grandes Pascual y la colaboración del entonces ministro Rodolfo Martín Villa y su querido amigo Santiago Arauz de Robles, ilustre letrado y escritor, hoy hijo adoptivo del pueblo de Valhermoso. El autor de este artículo, aunque sea partidario de la filosofía de la aldea global y/o la eliminación de fronteras entre los Pueblos no se imagina como a estas alturas, no se haya querido o sabido evolucionar en el tratamiento político de la citada enmienda, que, a nuestro entender y sin romper esquemas estructurales de la sociedad, que tan favorables frutos daría al devenir de nuestra Tierra. Es un reto y una obligación para los futuros políticos molineses. 

En la actualidad, Valhermoso, nuestro pueblo, es un lugar envidiable, un vergel en el árido y seco páramo molinés, que hace treinta y tantos años, no teniendo apenas agua para beber, se empeñó en conseguirla para solucionar el problema y además, sensible ya al cuidado del medio ambiente, lograr agua para mantener excelsa la vegetación que, entonces, se había creado y que, con el esfuerzo comunitario de sus gentes, se había sacado adelante. Este esfuerzo abocó en la formación de un bello “mini parque natural”, dentro del casco urbano, salpicado de casitas aisladas, sin orden ni concierto, rompiendo los moldes de la morfología urbanística de los pueblos del entorno o de cualquier pueblo castellano, pero dando como resultado un bello conjunto urbano. El cuidado y la conservación de la arquitectura tradicional de la zona, de las explotaciones domesticas tradicionales (todavía pululan gallos y gallinas en libertad por el césped de los jardines), complementadas por alguna especie salvaje advenediza (como ardillas, cigarras, erizos etc.), conforman un marco tan bucólico y silencioso que permite escuchar a Mozart, o cualquiera de los clásicos, desde cualquier punto del casco urbano sin temor a ser ahogadas sus notas por cualquier ruido asonante, entre otras cosas porque su población, envejecida, no supera los quince habitantes durante diez meses al año. Las tranquilas y serenas noches de estío, invitan a no acostarse contemplando, desde cualquier poyo o rincón urbano, el inmenso cielo estrellado, que parece estar al alcance de la mano, como las pequeñas luces, alimentadas por energía solar fotovoltaica, instaladas en el suelo de jardines y calles, cual si de pequeñas y alegras luciérnagas se tratara. Es tan bello, peculiar, tranquilo, pacífico y las estancias en él deleitan tanto los sentidos que yo me lo imagino como “lo más parecido al Paraíso”.

 

El Rincón de Andrew y La Guarida del Oso proporcionan dos marcos ideales para practicar el buen yantar, a base de productos auténticamente naturales y que por su carácter privado y elevados precios está restringido su acceso al gran público. En fin es obligado decir que estas transformaciones se han realizado en este último periodo democrático, siendo Alcaldes don Ángel Vallejo Embid y don José María Leiva y Presidente de la Diputación de Guadalajara don Emilio Clemente Muñoz, si bien en el periodo anterior a la democratización, siendo Alcalde don Vicente Ibáñez se metiera el agua en las casas y la luz eléctrica en tiempos del Alcalde don Emilio Clemente Sanz, ambas obras de vital importancia para el Pueblo. Por suscripción popular de los vecinos del Pueblo e hijos del mismo, ha sido homenajeado don Emilio Clemente Muñoz, , en reconocimiento al interés puesto en la transformación del Pueblo, quedando constancia de ello en una placa de azulejería ubicada en la Plaza Mayor.


De su Patrimonio arquitectónico destaca la Casa Grande, que es una típica edificación de las llamadas casonas molinesas, propiedad de las familias Rodrigo, Martínez y Martínez Muñoz, construida en 1786 y otra Casona, propiedad de la familia Vázquez Clemente de cuya data de construcción no disponemos, pero se cree anterior a la Casa Grande. No tenemos datos sobre la procedencia e historial de estas Casonas, pero seguimos investigando para algún día poder aportar al lector datos de su procedencia. 

Concluimos dando las gracias a todos los autores que hemos citado y a los omitidos, por cuestión de espacio, y en especial a don José Sanz y Díaz cuya obra nos ha servido definitivamente para dar el debido rigor a este artículo. Un saludo para Raimundo García, hijo del pueblo, que con muy buena voluntad y amor a su tierra, nos ha dejado unas breves notas costumbristas, siempre dignas de agradecer. A Salvador, hijo del pueblo, por su matrimonio con Jesusa y amor al mismo, que ha puesto a disposición de la divulgación de su cultura y promoción externa su propia página Web. Especialmente, nuestro reconocimiento a todos los vecinos residentes en el pueblo que, aguantando los rigores del extremado clima y las carencias propias de la desertización de la zona, todavía lo mantienen vivo y hacen posible que podamos seguir escribiendo su historia.


Valhermoso, Enero de 2005 

Fdo.: Emilio Clemente Muñoz

Revisado en Guadalajara, diciembre 2018

   

 

 

 

Fragmentos de la Breve Historia de Valhermoso de E. Valdivilla y de la Torre

"La Casa Grande de Valhermoso,casona del XVIII
"La Casa Grande de Valhermoso,casona del XVIII

 

"Prólogo:

 

Este breve apunte trata de describir, casi telegráficamente, la historia del pueblo de Valhermoso , interrelacionada, con la de la Villa de Molina y su Tierra, como parte de la misma de la que es integrante.
Aunque se trate de una comarca poco estudiada, hemos tratado de ser lo más rigurosos posible dejándonos de fantasías carentes de fundamento científico, ni de quimeras de falsos cronicones, absurdas a la luz de la critica moderna. Hemos querido evitar las suposiciones poco objetivas, sin el contraste debido históricamente.
Fuentes como las Biblioteca Nacional y de la Real Academia de la Historia, textos y documentos depositados en el archivo Archivo Nacional, en el Histórico Nacional, en el de la Corona de Aragón, en el de Simancas e incluso en el Archivo de Indias. Libros publicados, con datos geográficos, históricos y apuntes de todo tipo. Cronistas locales molineses y los que de alguna manera se ocuparon del Señorío de Molina de Aragón
empezando por Diego de Sandoval (1543), Francisco Díaz, Juan de Rivas (Alcalde mayor de Molina de 1609 a 1612), Diego Sánchez Portocarrero, Diego de Elgueta, Fray Pablo de la Concepción, el geógrafo Tomás López (1785) Mariano Perruca Díaz ( 1891) Julián Herranz Malo, Anselmo Arenas López, Claro Abánades Lópe(1929 a 1969), José Sanz y Díaz (1930 a 1980) y Santiago Arauz de Robles  (1979), por citar algunos, nos han servido para conformar esta pequeña reseña. No podemos olvidarnos de los manuscritos del Cabildo eclesiástico, del Ayuntamiento de la ciudad de Molina, del Común de Villa y Tierra y de citar a Raimundo García, hijo del pueblo y entusiasta de nuestro pasado y costumbres. Mención especial merece Salvador Monforte, vecino del pueblo que, con su cuidada página Web dedicada a Valhermoso, esta contribuyendo notablemente a la divulgación de sus valores culturales y promoción externa."

 

"Historia:


La Historia Antigua de que disponemos, fué hecha basándose en Flavio Lucio, Marco Máximo, Juliano y otros muchos cronistas apócrifos, rechazados hoy, con alusiones a lo prehistórico y protohistórico.
Por los fósiles se ha llegado a la conclusión de la existencia de una flora y fauna terciaria y por los plegamientos del terreno en periodos sucesivos, dio lugar a la formación de simas, cuevas, cavernas, fuentes y lagunas desde el jurasico al cretácico, accidentes, que posteriormente servirían de refugio al aparecer la vida humana en la Era cuaternaria, por clanes de cromagnones y neanderthalenses. Como ejemplo y en el termino de ValhermosoLa Cueva del hornoLa Cueva del tío CarasoHoz del BullonesLa Sima de la Isilla, Fuente de Hoya Romana y Fuente de La Torre son significativos de los lugares que ocuparían los primeros moradores cuaternarios, duda a la que únicamente podrán contestar algún día los paleontólogos que estudien las capas geológicas y los fósiles. En la cercana Cueva de los Casares, en Riba de Saelices existen muestras de un arte cuaternario notable, perteneciente, parece ser, al auriñaciense, con bellísimas pinturas, grabados de caballos, magníficos ciervos, bisontes, un posible rinoceronte lanudo amén de otros animales y abundantes figuras antropomorfas. En la necrópolis de Cuevas Labradas, más próxima a Valhermoso, y de la última época del periodo de Hallstatt, se encontraron urnas funerarias, labradas en barro cocido, con restos humanos en su interior. Pero de aquellos tiempos tan remotos no tenemos noticias directas y los hechos que atesora solo pueden colegirse examinando los restos humanos y los productos de la actividad de los mismos. En Herrería existe una inscripción de confusa fecha, sobre el riscoPeña Escrita, que algunos atribuyen a la prehistoria, pero carece de autenticidad segura. Otro hallazgo importante, que se encuentra en el Museo Antropológico es el cráneo de Castilnuevo. Luís de Hoyos Saiz en “Antropología prehistórica española” dice del “yacimiento característico de la Edad del Bronce de Castilnuevo”."..................

 

.....De la arquitectura de aquellos primitivos, adoptada luego por los celtiberos, quedan reminiscencias en Valhermoso, como en muchos pueblos del entorno, en las parideras redondas con cubierta de barda espesa y tronera, como las de las Navazas,“Hoya del Prao”La Pililla, etc. Después vendrían los castros , que al evolucionar se convirtieron en toscas fortalezas. Tanto el geógrafo griego Estrabón nacido en el año 60 antes de C., como Ramón Menéndez Pidal, confirmándolo, nos dicen que “en el siglo III antes de C. los íberos se hallaban extendidos por toda España” y que “ya habían absorbido a los celtas, pueblo indoeuropeo de cultura inferior a la ibérica, resultando de esta mezcla los celtíberos que ocupaban todo el centro de la Península”; de estos pueblos existen muestras, sin investigar, en Valhermoso...........

......Situándonos ya en plena Reconquista de Molina y su Tierra, intentaremos ser capaces de sintetizar, como pretende este pequeño apunte, la larga y gran historia de esta querida comarca, por existir una extensa bibliografía sobre la misma y empezaremos diciendo que al morir Pedro I de Aragón en 1.104 le sucede en el trono, su hermano, Alfonso I conocido históricamente por el nombre de El Batallador. Ganó a los moros Zaragoza en 1.118, Calatayud en 1.120, Daroca en 1.120, varios pueblos de nuestro Señorío – como Embid, Milmarcos, Anchuela y Guisema – en 1.122 y Molina en 1.128. Avanzando por la serranía de Molina y pasando por Valhermoso, Tierzo y Terzaga pone una guarnición en Traid, a la vez que mantiene sus ejércitos sitiadores en Castilnuevo y para 1.129 ya se había rendido toda la comarca al Rey. Tomado el territorio molinés, encargó a dos capitanes, que por valor y lealtad constituían su brazo derecho, que ampliaran y defendieran las fronteras de lo conquistado. Fueron estos militares don Fortún Sanz de Vera, que ensanchó su zona hasta Peralejos, estableciendo en el río Tajo la divisoria, fundando casa propia en esa villa, de la que todavía puede verse el arco románico de la portada. Los parientes del peralejano don Fortún eran Lope Sanz, que acompañó al rey en su expedición a Valencia y Galio Sanz que mandaba la Orden o Cofradía Militar de Belchite, antes de la fundación del Señorío. Otro incondicional en prestarle ayuda en sus incursiones fue García de Vera, que fundó casa en Checa. A todos ellos los silencia el conde don Manrique de Lara, primer Señor de Molina, por su afección a la Corona Aragonesa, acabando por marcharse a la provincia de Huesca, donde tenían posesiones. Los García Vera de Checa y otro Fortún Sanz de Vera, del mismo nombre que sus antecesores, volvieron en el siglo XIV a las villas del alto Tajo, cuando el Señorío de Molina pasó, tras el fratricidio de Montiel, a la tutela de la Corona de Aragón (1.369-1.375).....

...." Valhermoso, en la actualidad es un pueblo envidiable, un vergel en el árido y seco páramo Molines, que hace diez años, no teniendo apenas agua para beber, se empeñó en conseguirla para solucionar el problema y además, sensible al cuidado del medio ambiente, lograrla para mantener excelsa la vegetación que, diez años antes, se había creado y que, con el esfuerzo comunitario de sus gentes, se había sacado adelante.Y lo logró. Este esfuerzo abocó en la formación de un bello “espacio natural”, dentro del casco urbano, salpicado de casitas aisladas, sin orden ni concierto, rompiendo los moldes (ya en su creación) de la morfología urbanística de los pueblos del entorno o de cualquier pueblo castellano. El cuidado y la conservación de la arquitectura tradicional de la zona, de las explotaciones domesticas tradicionales (todavía pululan gallos y gallinas en libertad por el césped de los jardines, complementadas por alguna especie salvaje advenediza como ardillas, cigarras, erizos etc.), conforman un marco tan bucólico y silencioso que permite escuchar a Mózart o cualquiera sinfonía desde el mas recóndito lugar del casco urbano sin temor a ser ahogadas sus notas por cualquier ruido disonante, entre otras cosas porque su población, envejecida, no supera los quince habitantes durante diez meses al año. Las tranquilas y serenas noches de estío, invitan a no acostarse contemplando, desde cualquier poyo o rincón urbano, el inmenso cielo estrellado, que parece estar al alcance de la mano, como las pequeñas luces, alimentadas por energía solar fotovoltaica, instaladas en el suelo de jardines y calles. Es tan bello, peculiar, tranquilo, pacifico y las estancias en él deleitan tanto los sentidos que yo me lo imagino como “lo más parecido al Paraíso”. El Rincón de Andrew y La Guarida del Osoproporcionan dos marcos ideales para practicar el buen yantar,a base de productos auténticamente naturales y que por su carácter privado y elevados precios esta restringido su acceso al gran público."..............